Me gustas… porque ambos lo odiamos

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Me gustas… porque ambos lo odiamos

Entre las noticias curiosas del mes, el último grito en aplicaciones para el móvil que buscan ayudarte en la ardua tarea de encontrar tu media naranja: hater (literalmente, “el que odia”). Una propuesta de comunicación a la contra, en las antípodas de lo que acostumbramos.

La idea es simple: ¿dónde hay más posibilidades de encontrar almas gemelas: entre quienes no se pierden un reality show o entre quienes los evitan a toda costa? ¿Entre quienes salivan al pasar junto a un khebab, o entre aquellos a quienes provoca náuseas? ¿Entre personas futbófilas o entre futbófobas? ¿Entre amantes de la lectura o entre quienes dejaron de practicarla al concluir sus exámenes de secundaria? En éstas, como en tantas otras alternativas, hater se inclinará siempre por la segunda opción. O, dicho en términos facebookianos, apuesta por el “lo odio” en detrimento del “me gusta”.

Así, una persona que busque la cita perfecta deberá empezar por confeccionar un perfil personal a base de aquello que más detesta, de manera que su potencial pareja sea seducida por esa extraña química que surge cuando dos seres humanos aborrecen las mismas cosas.

En su página de presentación, hater ofrece tres ejemplos de fobias que pueden unir a la pareja perfecta, y que son, en orden inverso: pagar un extra por el guacamole en un restaurante, la gente que camina lentamente y… Trump. Lo cual no deja de ser irónico en un político que se ha autoafirmado precisamente sobre la base de aquellas personas, religiones y países que le son especialmente aborrecibles.

Lanzado el 8 de febrero, muy cerca de la celebración San Valentín, hater está disponible de momento solo en inglés, y habrá que esperar para ver si consigue convertirse en una Celestina del calibre de Tinder, que ha superado los 50 millones de usuarios registrados, y un millón de suscriptores de pago.

Está pues por ver si esta app alcanzará su éxito definitivo, ese momento en el que, para conquistar a la persona objeto de nuestros desvelos, se lo diremos, no con flores, sino con improperios: ¿Viste ayer a ese repugnante impresentable en la tele, ángel de amor? ¿Has oído esa canción realmente vomitiva, vida mía? ¿No te parece, corazón, que esta comida no es digna de la más infecta de las pocilgas… ?

Va a resultar que amamos lo que odiamos, que lo que nos pone es sobre todo aquello contra lo que despotricamos. De hecho, ¿no reside buena parte del éxito de ciertos tertulianos, vitriólicos locutores de radio o columnistas de gatillo fácil precisamente en la atención que captan al otro lado de la trinchera? ¿No ha sido el autobús tránsfobo un absoluto hit entre aquellos colectivos a los que HazteOir ni soñaría convencer?

Pero en fin, en esto de la dicotomía Amor/Odio, como en tantas otras cosas, nada como recurrir a los clásicos. En este caso a un genio que dirigió oficialmente una única película, y que nos dejó a un fascinante y terrorífico psicópata, interpretado por el irrepetible Robert Mitchum.

2017-05-19T09:13:33+00:00

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