Eric Cantona la clavó con las gaviotas

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Eric Cantona la clavó con las gaviotas

Estupenda -y tristemente poco concurrida- conferencia del escritor Galder Reguera ayer (17/05/2008) en la Biblioteca de la Diputación de Bizkaia. En torno a la literatura y el fútbol, un binomio contradictorio hace no tanto tiempo, que ha derivado casi en un nuevo subgénero literario, curiosamente cuando el deporte pierde a marchas forzadas su dimensión mítica (y mística). En estos tiempos de asépticos estadios libres de humo, de alcohol y de barro, clasificados en categorías y con denominaciones de marcas comerciales, Reguera y la Fundación Athletic Club llevan años deleitándonos con el festival literario Letras y fútbol, y con un segundo certamen de cine provocativamente bautizado como Tkinking Football Film Festival. En ambos es posible encontrarse con la cultura inspirada en el viejo balompié, pero también reencontrarse con la esencia de un espectáculo que ya solo puede ser añorado por los más viejos del lugar… y por algunos de los más jóvenes.

Viene todo esto a cuenta de una de las numerosas citas que salpimentaron la conferencia, y que trasciende el ámbito futbolístico para centrarse en el de la Comunicación. Más concretamente, en eso que ha dado en llamarse “la atención mediática”. Un fenómeno también conocido como morbo, y que suele provocar una inusual concentración de cámaras y micrófonos en torno a determinadas personas y/o acontecimientos.

La cita tiene la marca personal del inclasificable Eric Cantona, el delantero francés del Manchester Utd. de los años 90 del siglo pasado, asociado para siempre a su brutal patada a un aficionado del Crystal Palace que, tras su expulsión por una dura entrada, le recriminó por su condición de francés y “apestar a ajo”.

©Action Image

La brutal agresión supuso al jugador suspensión, multa, inhabilitación, ser apartado de su equipo y de la selección francesa y hasta una condenada de un tribunal inglés. El 30 de marzo de 1995, su equipo no vio otra salida que convocar una multitudinaria rueda de prensa, en la que el centro de todas las miradas debería ofrecer explicaciones. Para sorpresa de todos, fue una de las más breves comparecencias públicas que se recuerdan, ya que el futbolista marsellés recurrió a sus orígenes para abrir y cerrar su intervención con una críptica metáfora marinera:

‘When seagulls follow the trawler, it is because they think sardines will be thrown into the sea. Thank you very much.’

(Cuando las gaviotas siguen al barco pesquero, es porque esperan que se tiren sardinas al mar. Muchas gracias.)

Años después fue algo más explícito en una entrevista en la BBC:

Era mi objetivo en aquel momento. Querían presentarlo como algo muy serio. Y yo no creo que el fútbol, ni ninguna otra cosa, sea tan serio. Mi abogado me dijo: “Te esperan para que digas algo, ¿quieres decir algo?” “La verdad es que no.” “Bueno, mejor ve…” Pude haber dicho que no, pero dije: vale, voy. Y dije esta frase, que no significa nada. Para mi el sentido no estaba en las palabras, sino en la situación, poner un espejo delante de los periodistas. Y después todo el mundo trató de analizar mis palabras.

Por ceñirnos al universo futbolístico, esto parece más bien un intento de echar balones fuera. Porque el pesquero, las gaviotas y las sardinas son una muy atinada parábola de esa peculiar ceremonia que constituye una rueda de prensa.

2018-05-18T13:19:18+00:00

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